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Nov 18

Cueva de Tara

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El Cabildo prevé adquirir la extraordinaria Cueva de Tara tras descubrirse que es un fabuloso calendario astronómico aborigen de Gran Canaria

 

  • Los faycanes lograron que la luz del sol entre hasta el fondo de una gran oquedad cada equinoccio para representar la fecundación de la madre tierra
  • Se trata del calendario oficial del Guanartemato de Telde, el segundo reino aborigen grancanario junto al de Gáldar, donde está Risco Caído
  • El haz de luz de Tara aún tiene que desvelar su auténtica forma, pues la claraboya ha acumulado piedras que serán retiradas
  • El arqueólogo que la descubrió prevé confirmar que también entra la luna llena como en Risco Caído
  • Que sea patrimonio público, estudiarla y conservarla, objetivos del Cabildo

 

El extraordinario descubrimiento de que la Cueva de Tara es en realidad un calendario astronómico aborigen porque su enorme oquedad interior que no es más que la entrada a las entrañas de la madre tierra, que es fecundada con precisión por el sol cada equinoccio de primavera y otoño, ha enriquecido aún más el rico patrimonio arqueológico de Gran Canaria, cuyo Cabildo prevé adquirir esta fabulosa caverna para estudiarla, conservarla y devolverle la magnificencia de la que gozó como templo del Guanartemato de Telde.

 

La Cueva de Risco Caído va camino de convertirse en Patrimonio de la Humanidad, pero solo era cuestión de tiempo que fuera hallado un segundo templo en Gran Canaria, que en época de los aborígenes estaba dividida en dos reinos, el de Gáldar, al que pertenece Risco Caído, y el de Telde, donde ahora ha sido descubierto el auténtico valor de esta caverna que fue comprada hace una docena de años por la familia Verde, cuyo patriarca se dio cuenta de que aquella belleza no era fruto de la casualidad.

No era posible saber el significado tenía aquella oquedad, la entrada de la luz por lo que parecía una claraboya, ni las cazoletas del suelo, que hoy se sabe que son signo inequívoco de lugar sagrado y de rituales aborígenes, pero la familia sí intuyó que debía ser una herencia aborigen muy valiosa. Por eso la adquirió, sacó los cuatro camiones de residuos que la inundaban y la cerró con verja  para protegerla.

 

Y es que el espacio ha pasado por diversidad de etapas, como muchas del barrio de Tara y del resto de Gran Canaria, no en vano no han dejado de ser usadas desde los aborígenes hasta la actualidad y son muy apreciadas por la temperatura tan idónea que ofrecen en invierno y verano.

 

Esta Cueva de Tara, por ejemplo, fue alpendre, pajar, ermita y hasta basurero, tantos residuos acumuló  que cuando la familia Verde la adquirió se podía acceder caminando a la gran vulva que representa la oquedad y que en realidad está a tres metros del suelo de la cueva principal.

 

El arqueólogo Julio Cuenca, descubridor de Risco Caído, ya conocía esta caverna desde los ochenta y tampoco la pudo interpretar en su dimensión arqueológica, fue precisamente con los hallazgos de Risco Caído cuando la miró con otros ojos y ha estado cuatro años acudiendo cada equinoccio y solsticio y ya no tiene duda de que se trata del calendario oficial de la población con su perfecta entrada vertical cada equinoccio y por los lados cada solsticio, lo que diferencia el de verano e invierno.

 

Se trata de un calendario perfecto, el conocimiento que tenían los aborígenes, en este caso los faycanes, a quien atribuye su construcción, para meter la luz de los astros en el interior de una cueva era de tal calibre que resulta casi inexplicable, aunque desde luego no deja duda de la precisión de su cómputo del tiempo, fundamental para la agricultura, su sustento de vida.

 

Este calendario es mucho más exacto que cualquier calendario exterior porque la perspectiva puede engañar, pero en una cueva no hay efecto óptico que mienta, si el sol entra hasta el fondo de la cavidad y simbólicamente fecunda la tierra, ese extraordinario fenómeno marca sin lugar a dudas el inicio primavera y de otoño, los dos momentos del año en los que el día y la noche duran exactamente lo mismo.

 

El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, anunció junto al consejero de Cultura, Carlos Ruíz, y la alcaldesa de Telde, Carmen Hernández, que la Institución insular ya está en conversación con la propiedad para adquirir la cueva para que sea patrimonio público y que la disposición de la familia que la ha cuidado es absoluta. El espacio será estudiado y monotorizado y en cuanto los arqueólogos presenten su proyecto e informe de necesidades, será dotado económicamente, pues este hallazgo es de indudable valor.

 

Será a partir de los estudios científicos cuando se pueda determinar el recorrido de la luz, las formas que adopta y la secuencia que dibuja a lo largo del año, pues los doce meses entra luz y está por confirmar, y Cuenca cuenta con que así será, si también entra la luna llena como en Risco Caído, un templo que ya ha sido calificado como único en las 100.000 islas del planeta.

 

La Cueva de Tara, cuyo haz de luz aún tiene que desvelar su auténtica forma, pues el tiempo ha cubierto parte del orificio de tierra y piedras, es aún más antigua que la de Risco Caído y su arquitectura, más rústica, también deja sin aliento y promete desvelar importantes secretos

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May 18

Risco Caído propuesto Patrimonio Mundial

Risco Caído abre una compuerta al pasado de Gran Canaria, asegura el presidente de la Sociedad Europea para la Astronomía

 

  • César González participó en la primera sesión de las Jornadas de Risco Caído
  • La población salvó el espacio protegido de Chankillo del proyecto para albergar un centro penitenciario y acabar con su aspiración a Patrimonio Mundial
  • La necesidad de preservar estos tesoros heredados del pasado y la implicación de la sociedad, punto de coincidencia de investigadores y participantes

El presidente de la Sociedad Europea para la Astronomía, César González, considera que Risco Caído supone la apertura de una compuerta al pasado prehispánico de Gran Canaria, un lugar conduce al conocimiento de la sociedad que habitaba la isla antes de la Conquista.

César González, que participó en la primera sesión de las VI Jornadas de Risco Caído y Espacios Sagrados de Montaña, ha aprovechado su estancia en Gran Canaria para visitar este templo aborigen y su prodigioso fenómeno solar y se refirió a las analogías con otros pueblos desaparecidos.

La comunidad prehispánica grancanaria “no tuvo cercanía geográfica con otras sociedades en otros lugares del planeta”, sin embargo, “cuando las sociedades humanas se enfrentan a desafío similares, las soluciones a las que se llegan son muy parecidas”.

González, enlazando con el tema de su conferencia sobre “La astronomía y el paisaje en la Edad de Hierro del noroeste de la península”,  aseveró que los cielos en Canarias y de Galicia no son exactamente los mismos pero las soluciones a las que se llegan son muy parecidas, ahí es donde está la conexión. “La creación de marcadores solares y lunares es un punto en común, o el uso de calendarios no como contadores de días, sino con una significación religiosa” aclara el investigador.

El lado oscuro del calendario celta

Durante su intervención hizo referencia al carácter dual del tiempo de los pueblos celtas que se encuentra en la contraposición entre la oscuridad y lo brillante. Remarcó ante los asistentes la parte oscura de la organización temporal de estas comunidades que cuentan los días a partir de la noche. También resaltó las dificultades de las investigaciones sobre los pueblos celtas debido a la falta de un fósil director, ya que muchas piezas existentes se conservan en museos y por lo tanto no están en su ubicación original, dato necesario para  determinar su posición precisa respecto a sol y la luna.

Un complejo astronómico con forma de dinosaurio

El horizonte artificial de las 13 torres de Chankillo, bautizado por la prensa como la espina del dinosaurio, es el punto de atención de las últimas investigaciones en la disciplina de la arqueoastronomía en Perú y aspira también a ser Patrimonio Mundial. Con una extensión de 2.000 hectáreas, el espacio abarca diversas zonas de interés arqueoastronómico compuestas de distintos enclaves. En la actualidad, las investigaciones han llegado a afirmar que el Perú prehispánico, e incluso anterior a la civilización inca, celebraba grandes banquetes con música y cerveza de maíz que se denominaba chicha.

El investigador Iván Ghezzi, director del Museo Nacional de Arqueología de Perú, presentó las evidencias en torno a la relación del sol con este complejo astronómico que se ha datado como el más antiguo del continente americano. El complejo está formado por trece torres levantadas en línea, de norte a sur sobre la cima del monte Chankillo.

Esta espina dorsal, compuesta por trece protuberancias sobre un montículo, que asemeja a un dinosaurio recostado, certifica el control del tiempo a través del paisaje de las comunidades que habitaron en esta zona. El arco del cielo sobre este horizonte dentado corresponde con exactitud al recorrido del sol a lo largo del año. Estas investigaciones no solo ofrecen testimonio de la definición de los calendarios anuales, también arrojan luz sobre la influencia que tuvieron en las civilizaciones posteriores, en las que los gobernantes basaban su legitimidad como “hijos del sol” y que les otorgaba privilegios sobre los demás.

Experiencia traumática pero con final feliz

Durante su intervención, Ghezzi se refirió a la historia más reciente de dicho complejo astronómico protagonizada por el enfrentamiento de la población del lugar con el Gobierno, que planeaba erigir un centro penitenciario dentro del área protegida que espera la calificación de la Unesco, lo que habría terminado con esta aspiración.

El investigador destacó la valentía de la población que logró detener por completo el proyecto. “A la vez, la defensa de la integridad Chankillo consiguió fortalecer la identidad de la población de Casma, provincia donde se ubica el complejo astronómico”.

Por ello, el punto recurrente de los investigadores y participantes en las Jornadas de Risco Caído ha sido la necesidad de preservar el entorno y concienciar a la población del incalculable valor que tienen estos vestigios del pasado. La mayoría de estos enclaves, en muchos casos muy frágiles, no podrían soportar la presión turística que sufre, por ejemplo, Machu Picchu y por eso la apuesta es la búsqueda de formas alternativas para disfrutar las riquezas legadas por los antepasados.