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Dic 17

                                                   

                                                                                              EDITORIAL

Si pudiese contar una historia que te devolviese la alegría, ¿cuál sería? Si con sólo leer unas palabras, recobrases la fe en el futuro, ¿qué palabras podría elegir? ¿Serviría decirte: sí, hay futuro? ¿O quizás recordarte, que eres más grande de lo que crees? Y sin duda lo eres, un dios encadenado que quiere liberarse.

¿Te valdría saber que, sólo con cambiar la dirección de tu mirada, se abren infinitas posibilidades? ¿Que tu capacidad de sentir y de aportar a otros, hacen más por ti que cualquier terapia? ¿Que, en verdad y en esencia, no hay nada que pueda detenerte? ¿Que no estás sólo?
Si algo constatamos cada día, los que impulsamos esta revista, es que los sueños se construyen y se cumplen en el camino; o como decían los viejos: “a Dios rogando y con el mazo dando”. Porque ningún príncipe o princesa, va a venir a rescatarte. Ni tampoco es frecuente que toque la lotería, para poder decirle a tu jefe: “ahí te quedas”, a pesar de lo que nos digan los anuncios de la tele. Ni las cosas habitualmente son fáciles, ni van “rodadas”… tienes que intencionarlas. El truco, en verdad, está en saber cuáles son los verdaderos sueños… Los que importan, los más profundos… aquellos que tienen que ver con lo que realmente necesitamos. Esos que van unidos a la vocación y que curiosamente también, a la capacidad de dar, de transmitir lo mejor de ti a otros. Los que tienen el sabor de tus mejores momentos.

Así que, “no te rindas…”, nos decía Mario Benedetti. “… No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños… porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento…”

A veces basta con mirar un poquito alrededor, para obtener la inspiración. A veces, con volver a ubicar los ojos del niño que fuimos. Y ya sé que vivimos en un mundo violento y bastante loco. Y que la gente no siempre es como te gustaría. Pero, también están los humildes, la buena gente, esa que no hace tanto “ruido”. Los “luchadores” que se enfurruñan, porque están hartos de tantas cosas, pero que en el fondo son un “cacho de pan”. Los valientes, que lo son por superar sus miedos. Los que nos dicen cada día “buenos días” con una sonrisa…

Así pues, no pierdas la fe. Tú que peldaño a peldaño edificas tu propio mundo, no olvides amar la realidad que construyes y entonces, como decía mi maestro, Silo, no habrá nada que pueda detenerte. Y si además, quieres poner la mirada en aquellos que te rodean… en esta edición, te presentamos a unos cuantos soñadores más.

 

 

 

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